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INTRODUCCIÓN

actualizado en Septiembre 2011

El término Inquisición hace referencia a varias instituciones dedicadas a la supresión de la herejía mayoritariamente en el seno de la Iglesia Católica, aunque también hubo un tribunal del mismo género entre el calvinismo y otras denominaciones protestantes. La herejía en la era medieval muchas veces se castigaba con la pena de muerte, y de ésta se derivan todas las demás. La Inquisición medieval fue fundada en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia) para combatir la herejía de los cataros o albigenses, que en 1249 se implantó también en el reino de Aragón (fue la primera Inquisición estatal) y que en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con Castilla, fue extendida a ésta con el nombre de Inquisición española (1478-1821), bajo control directo de la monarquía hispánica, cuyo ámbito de acción se extendió después a América; la Inquisición portuguesa (1536-1821) y la Inquisición romana (1542-1965). Aunque en los países de mayoría protestante también hubo persecuciones, en este caso contra católicos, contra reformadores radicales como los anabaptistas y contra supuestos practicantes de brujería, los tribunales se constituían en el marco del poder real o local, generalmente ad-hoc para cada caso concreto, y no constituyeron una institución específica.

Historia

L
a Inquisición Española fue creada en 1478 por una bula papal con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes de los judeo conversos españoles. A diferencia de la Inquisición medieval, dependía directamente de la corona española. Se implantó en todos los reinos de España, en Sicilia y Cerdeña (que entonces formaban parte de de la Corona de Aragón) y en los territorios de América (hubo tribunales de la Inquisición en México, Lima y Cartagena de Indias. La Inquisición se convirtió en la única institución común a todos los españoles, con excepción de la propia Corona, a quien servía como instrumento del poder real: era un organismo policial interestatal, capaz de actuar a ambos lados de las fronteras entre las coronas de Castilla y Aragón, mientras que los agentes ordinarios de la Corona no podían rebasar los límites jurisdiccionales de sus respectivos reinos.

 

Proceso Penal

Al llegar a una población se proclamaban dos edictos, el "edicto de fe", obliga a los fieles, bajo pena de excomunión, a denunciar a los herejes y cómplices, y el "edicto de gracia", en que el hereje, en un plazo de quince a treinta días, podía confesar su culpa sin que se le aplicase la confiscación de sus bienes, la prisión perpetua ni la pena de muerte. Esto provocaba autoinculpaciones, pero también numerosas delaciones, protegidas por el anonimato. Los denunciados no conocían en ningún momento de qué se les acusaba. El secreto sumarial con que el Santo Oficio llevaba sus procesos, con el fin de evitar represalias, provocaba un gran temor en la población y convertía a cualquier ciudadano en un posible delator o colaborador del tribunal. Por otra parte, los acusados tienen derecho a proporcionar previamente el nombre de los que tendrían un motivo para perjudicarles, lo que constituye un modo de recusar su denuncia. En caso de falso testimonio, la sanción equivale al castigo previsto para el acusado. El primer interrogatorio tiene lugar en presencia de un jurado local constituido por clérigos y laicos cuya opinión se escucha antes de promulgar la sentencia. Con el fin de evitar represalias, el nombre de los acusadores es secreto, pero el inquisidor debe comunicarlo a los asesores del juicio que deben controlar e investigar la veracidad de las acusaciones. Si el acusado mantiene sus negativas, sufre un interrogatorio completo cuyo fin es el de recibir su confesión. En 1235, el concilio regional de Narbona pide que la condenación sea decidida exclusivamente a la vista de pruebas irrefutables bajo el pensamiento que más vale soltar a un culpable que condenar a un inocente.

El detenido era encarcelado en una cárcel especial. Se secuestraban sus bienes para su mantenimiento y los gastos de su proceso. Incomunicado, el ignoraba a menudo por completo los cargos que se le imputaban. El proceso consistía en una serie de audiencias en que se escuchaba a los denunciantes y al acusado. Este último contaba con un abogado defensor, que no la defendía sino meramente le amonestaba a que confesase sus culpas o le asesoraba en cuestiones de procedimiento. Para obtener la confesión se podía utilizar la coacción; ya sea mediante la prolongación de la prisión(carcer durus), ya sea por la privación de alimentos, o bien, en último lugar, por la tortura. Durante mucho tiempo la iglesia fue hostil a ello. En 886, el papa Nicolás I declaraba que este método "no era admitido ni por las leyes humanas ni por las leyes divinas, pues la confesión debe ser espontánea". En el siglo XII, el decreto de Graciano, una recopilación de derecho canónico, repite esta condena. Pero en el siglo XIII, el desarrollo del derecho romano provoca el restablecimiento de la tortura en la justicia civil. En 1252, Inocencio IV autoriza su uso por los tribunales eclesiásticos, con condiciones muy concretas no existentes en los tribunales civiles: la víctima no debe correr riesgo ni de mutilación ni de muerte; el obispo del lugar debe dar su consentimiento; y la confesión obtenida debe ser reiterada libremente para ser válida.

 

INQUISICIÓN ESPAÑOLA

Todo comenzó el 30 de Junio de 1680 a las 7 de la mañana, cuando las calles de Madrid eran invadidas por una hilera de hombres y de soldados de la Fe, la Cruz Verde, símbolo de la Inquisición. Eran de la parroquia de San Martín, vestían con velo negro doce sacerdotes, y llevaban 120 reos acompañados cada uno de ellos por un ministro a cada lado. Iban en orden, según el pecado y sus penas.  Los 34 primeros eran condenados a pena de muerte en estatua y llevaban corazas pintadas con llamas y sambenitos con sus nombres escritos en papel ajustado al pecho. Otros ya habían muerto y se portaban los huesos en arquillas. Los presos que habían sido detenidos por la inquisición portaban velas amarillas entre sus manos. Otros 11 que eran embusteros, bígamos llevaban en la garganta cuerdas con nudos y cada nudo representaba cada azote que debía recibir. Otros iban amordazados y la boca bien tapada para que no pudieran blasfemar y contestar a las gentes que les hostigaba. 54 eran reos judaizantes reconciliados y vestían con sambenitos. Otros 21 condenados a muerte vestían corazas y capotillos de llamas y otros con dragones en llamas, según el pecado. Toda esta gente paseaba por el Madrid de los Austrias, pasando por las casas del inquisidor para entrar en la abarrotada Plaza Mayor, donde imponía la presencia del Rey Carlos II. A las 4 de la tarde acabó la lectura de las sentencias de los condenados a muerte y se llevaron a 19 reos para ejecutar. Pasando por la calle Boteros, calle Mayor, Plaza de las Descalzas y San Martín, hasta la calle San Bernardo para ir directamente hasta el quemadero de la puerta de Fuencarral. La ejecución era presidida por toda la corte, órdenes religiosas y autoridades civiles, muestra de que todos estaban implicados en la Inquisición Española y desde la Edad Media se encargaban estos oficios. La inquisición era muy intolerante y si alguien decía o hacía algo que se saliera de la ortodoxia, era muy mal visto, peligroso y al enemigo había que matarlo.

Había varias formas de tortura, pero quizás las más utilizadas eran;   La Toca, La Garrucha y el Potro.

La Toca era una tortura con agua. A reo se le ponía doblado sobre sí mismo con los pies más altos que la cabeza y se le introducía en la boca una toca de lino y por ella se le echaba jarras de agua para que sintiera que se ahogaba, y de vez en cuando paraban para ver si confesaba.

La Garrucha consistía en atar las manos del reo y colgarle, se le iban poniendo pesas en los pies mientras le levantaban.

El potro llegó más tarde y sustituyó a los otros dos métodos que eran sumamente antiguos. El reo era atado sobre una especie de mesa y se le ataban brazos y piernas, mientras el verdugo giraba el dispositivo que tiraba más de la soga y de esa forma estiban los brazos y piernas del reo hasta límites imposibles.

Próximamente editare un listado de todos los instrumentos de tortura.

INQUISICIÓN ZUGARRAMURDI

La parroquia de Zugarramurdi era aneja de la de Urdax, y su iglesia estaba atendida por un monje del monasterio de premostratenses de este último lugar. Entre los dos pueblos no llegaban a los 300 habitantes, lo cuales estaban bajo la jurisdicción ordinaria y espiritual del Abad de Urdax.

Las gentes de Zugarramurdi eran campesinos y pastores libres, mientras que los de Urdax eran siervos de la gleba que trabajaban las tierras del Monasterio de Urdax. De los 31 brujos que salieron en el Auto de Fe, nada menos que 26 procedían de Urdax y  Zugarramurdi. Se trataba de hombres y mujeres cuya edad oscilaba entre los 20  y los 80 años; aproximadamente una quinta parte de la población adulta.

Para los habitantes de Zugarramurdi, el que un niño muriera así sin más y sin ningún motivo aparente, para ellos no era una casualidad inexplicable. Tampoco era una simple casualidad que un cerdo empezara a consumirse. Todo ello solo podía ser promovido por “malas personas”. Todo el mundo se decía para sí ... que quien podría ser…

Los documentos no informan de que si esas personas habían echo anteriores males antes de ser descubiertas por la inquisición.

Hay un caso de una mujer que vivía en Zugarramurdi con sus tres hijas y cada vez que tenían oportunidad de robar lo hacían y cuando eran pescadas en plena faena se llevaban buenos palos. Así que las mujeres a las que estas robaban no debían de  tenerlas mucha estima. Y en medio de semejante ambiente, viene alguien al pueblo diciendo que tenia pruebas se produjera la explosión. Y así ocurrió en Zugarramurdi.

A primeros del mes de diciembre en el año 1608 regresó a Zugarramurdi una muchacha María de Ximildegui de 20 años  que había vivido en Francia los tres o cuatro últimos años.

Cuando ella tenia 16 años sus padres decidieron marcharse a Francia ya que ellos eran de allí, en concreto a Ciboure. Ella volvió a su pueblo sola a servir, por que sus padres se quedaron allí.

María tenia mucho que contar de su estancia en Francia, contaba que allí había sido miembro de un conventículo de brujas durante un año y medio y que después de tener un presentimiento en la cuaresma de 1608 hizo que volviera al cristianismo. Pero tenía más cosas q decir  por que daba la casualidad de que estando ella viviendo en Francia, se desplegó una persecución de brujos, precursora de la gran cacería que poco más tarde llevaría a cabo Pierre Lancre, antes de que María regresara a Zugarramurdi. Las gentes en Francia acudían a las iglesias, para acompañar a los niños que estaban muertos de miedo, pensando que iban a venir las brujas y se los iban a llevar al akelarre.

Pero María contó más cosas; asistió dos veces a los akelarres de Zugarramurdi cuando todavía era bruja en Francia, así que sabía muy bien quienes eran las brujas y sin ningún tipo de escrúpulo fue nombrando una a una por su s nombres, lo que hizo que pronto llegaran las protestas.

El primero en llegar fue Estebe de Navarcorena pidiendo cuentas sobre lo que Maria había dicho de su mujer Maria de Jureteguia, y Maria le dijo, que si podía hablar con ella que lo iba a confesar todo. Cuando las dos estuvieron frente a frente Maria de Ximildegui dijo tantas cosas y dió tantos detalles que las dudas empezaron a surgir entre todos, así que empezaron a presionar a Maria de Jureteguia para que confesase y así lo tuvo que hacer por que estaba entre la espada y la pared. Además de confesar que había sido bruja desde muy pequeña, acusó a su tía Maria Txipia de haber sido su maestra. De esta forma Maria de Ximildegui demostró a todos de forma publica a Zugarramurdi todo y aceptaban su versión.

Lo primero que hicieron con Maria de Jureteguia fue llevarla ante un párroco (Fray Felipe de Zabaleta) y le contó en confesión todo lo que había dicho delante de todos los demás. pero no contento con eso, tuvo que decir ante todo Zugarramurdi todo otra vez y pedir perdón por todos los años que dedicó a la brujería y por los daños causados.

Pero los animos empezaron a encenderse asi que algunos se tomaron la  justicia por su mano en plena noche irrumpieron en casa de muchos vecinos poco antes del año nuevo. Fueron unas diez personas y entraron en las casas de los vecinos que sospechaban que eran brujos o brujas en busca de sapos. Entraron y rebuscaron en la casa de Miguel de Goiburu, en la de Estefania de Iriarte y en la de Graciana de Barrenetxea. El pastor Joanes de Goiburu marido de Estevania, se presentó al día siguiente en el monasterio de Urdax para quejarse de lo ocurrido. Fray Felipe le ordenó que fuera en busca de su mujer. Al regresar Juanes con ella, el fraile le dijo que era una bruja y ella lo negó, pero el fraile se guardaba un as en la manga, tenia que demostrar que ella era una bruja así que le colocó unos reliquias y una estola a la vez que la obligaba a decir la verdad. Así que confeso todo. A partir de entonces otros sospechosos fueron obligados violentamente adelantarse, además eran amenazados con la tortura si no confesaban.

A lo pocos días del año nuevo se reunieron más de cincuenta personas en la iglesia de Zugarramurdi para oír la confesión pública de los brujos entre ellos había familias enteras.

La brujería no se consideraba hereditaria, la brujería es un arte que se aprende, pero en Zugarramurdi daba la casualidad que las personas que habían confesado ser brujos y brujas, había parentesco, así que creían que la brujería era cosa de familia. Entre ellos 7 de los diez primeros brujos eran familia entre sí.

De no ser avisado el Santo Oficio de lo que había pasado entre estos dos pueblos vecinos nada hubiera pasado, porque decidieron perdonar a todos, con la confesión y el hecho de haber pedido perdón a todos era suficiente, pero ya era demasiado tarde.

El proceso duro 2 años con lo que nos vamos al 1610. De los 31 brujos encausados solo quedaron 18 ya que hubo dos epidemias y murieron, y los cadáveres se guardaron cuidadosamente para después echarlos a la hoguera. Había más gente que estaba procesaba pero no confesaban ser brujos y esos también fueron procesados, así que hacían un total de 53 personas.

Todos fueron quemados en la hoguera.

 

Hablando de Zugarramurdi... y las plantas.

Hace 400 años varias mujeres de Zugarramurdi fueron  quemadas vivas acusadas de pactar con el diablo, cocinar niños, beber sangre humana, desenterrar a los difuntos y un largo etcétera. Desde el día del juicio el pueblo fue vigilado ya que los jueces creían que el pueblo estaba maldito y 4 siglos más tarde se alzó sobre Zugarramurdi un museo de antropología y Brujería.

 Más de 300 vecinos del pueblo fueron acusados de brujería y canibalismo, su escenario las cuevas tan preciosas, maravillosas llenas de magia que allí se encuentran. Usaban plantas como el estramonio, la mandrágora o el beleño. Dichas plantas cocinadas bien era potentes drogas alucinógenas, son capaces de anular totalmente la voluntad de todo aquel que las tomaran y así cometer cualquier tipo de atrocidad. Estas plantas son tan peligrosas que solo pueden ser utilizadas por personas expertas siguiendo además unos pasos. Hay que tener en cuenta que si se consume entre 30 a 50 grs. de cualquiera de ellas puede legar incluso a producirse la muerte, sobre todo de la mandrágora es altamente peligrosa aunque se podría decir que es la más peligrosa. Tiene forma antropomorfa, forma de ser humano y la parte que contiene todas las propiedades medicinales es la que provoca toda clase de alucinaciones y estados alterados de la conciencia.

Según una tradición muy antigua, la mandrágora no se podía arrancar del suelo con las manos, ya que provocaba la muerte instantánea, además, esta planta no era fácil de encontrar, pero tampoco de comprar ya que venía a costar todo el jornal de un año de un artesano, en el siglo XVII. Para poder arrancarla había que utilizar un perro, a este se le ataba el extremo de una cuerda en el raro y el otro extremo en la planta, cuando todo estaba bien atado el perro echaba a correr y así se conseguía sacar de la tierra la planta sin que hubiera muertos. Aunque cabe destacar que se decía que esta planta tenía vida propia ya que al arrancarla emitía un chillido, por eso se dice que tiene forma humana.  

 

No me voy a extender más esto es solo una introducción. Si queréis saber más sobre la inquisición de Zugarramurdi os invito a ir allí es un sitio precioso lleno de magia, misterio, historia, enigmático y allí podéis comprar un montón de cosas, desde un simple llavero hasta libros como este que tengo yo y del que he sacado una pequeña introducción que acabas de leer, cómpralo no te arrepentirás es fantástico. Se titula "LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI" K. IRAZOKI.

 

 

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